Invierno de 2010, decidido a buscarme indago por los callejones de la ciudad. Pertrechado con una fotografía de mi rostro desconocido en el bolsillo trasero de mi pantalón, salgo a patear las calles. El cometido se convierte en epopeya.

Martes, 2 de febrero

Aparcado en medio de la vía pública un autobús con el anagrama de la Cruz Roja. Me acerco dubitativo, más bien asustado. Subo dos peldaños hasta el interior y pregunto a una señorita por el rostro desconocido de la fotografía, pero se niega a darme información gratuita. ¿Hasta aquí llegan los tentáculos de la SGAE? Intento pensar rápido. Ellos necesitan lo que yo tengo y yo necesito información. Enseño las venas de mi brazo y le guiño un ojo. Ella se hace la distraída por unos instantes pero finalmente se fija en las abultadas venas que recorren mi brazo. Me indica una silla para que me siente. Mientras me acomodo le enseño de nuevo la fotografía y noto un gesto de desprecio en su rostro. Coge mi brazo descubierto y coloca sobre el bíceps una tela elástica que aprieta con decisión. Unida a la tela se encuentra un tubo de goma que en el extremo final tiene una pera también de goma. Aprieta con ritmo la pera y noto como se infla poco a poco la tela elástica. Cuando parece que me va a estallar el bíceps deja de apretar y coloca un artilugio con forma de platillo volante unido a sus oídos sobre las venas de mi brazo desnudo. Tras toquetear lo que parece un reloj de pulsera me dice que el fluir de la sangre ha hablado, 14/12. El desprecio de su rostro se torna extrañeza. Me interroga sobre mis hábitos: ¿fumas, bebes, mucha sal en las comidas, sexo seguro con la misma mujer o promiscuidad? ¿ehhhh? Coloca de nuevo la tela elástica sobre mi brazo y repite la operación. El resultado, 14/11,5. Esta vez el rostro pasa de extrañeza a preocupación. Me interroga de nuevo, ¿sexo con mujeres o con hombres, tatuajes hace poco, toma medicamentos, drogas? ¡Cómo!. 14/12 me dice la señorita con cara de angustia tras repetir por tercera vez. Lo siento no puedo dejarle realizar la donación de sangre a favor de la SGAE. Si quieres puedes darte una vuelta por la calle, tomar el fresco y venir un poco más tarde para ver si es posible. ¿Y el paradero del desconocido? Lo siento, tengo prohibido dar información sin recibir nada a cambio. Su cara se vuelve angelical y me regala una sonrisa mientras me baja la manga e invita a que salga del autobús. ¡Qué guapa la condenada, pero inflexible! Le doy las gracias por nada y vuelvo a patear las calles. El frio hace mella, a lo lejos un bar. ¿Es posible que sepan algo?. Otro día sin encontrar mi rostro desconocido de la fotografía.


Tags: El arte de encontrarse, Creativo

Publicado por JsJFrog @ 16:25  | Escritura votar
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