Juego con fuego.... pero juego

'Gloria Fuertes'

El sábado 12 de junio me levanté a la 7:00 h con un sueño de muerte, la velada anterior me había quedado a ver “Gran Torino” y no me puede resistir, sabía que tenía que viajar pero no puede resistirme al encanto de la película.

Con las legañas puestas hice el petate como pude y con dos pares de zapatos, los puestos y otros quitados un poco más cómodos, unos calcetines, un calzoncillo y una camiseta me dispuse a viajar a Granada. Buscar, sentir, ver y oír.

Un viaje normal desarrollado bajo el signo de acuario, termino con mis huesos dando vueltas a los alrededores del parque del Triunfo en busca de un aparcamiento. Vuelta uno, dos, tres. Desisto. No. Continúo dos vueltas más y dejo tirado el coche en medio del campo. Oh, diosa de la fortuna, un hueco en frente de la plaza de todos. Aparco, bajo y miro los alrededores. ¿Puedo realmente aparcar aquí? Si, no veo ninguna raya de color, ni mis compañeros de aparcamiento tienen el emblema ORA en el salpicadero. Creo que he completado la hazaña, piso el suelo de Granada.

Llamo por teléfono a Alex. Se supone que me espera. Al otro lado del teléfono suena una voz soñolienta. Creo que le he despertado. Tras un momento de indecisión y después de decirle mi nombre, sintoniza con la tierra y me dice que no me mueva de donde estoy que enseguida viene a recogerme. En efecto, visto y no visto aparece una silueta calle abajo a la derecha de la plaza de toros con esos andares característicos. Reencuentro profesor y alumno, o más bien colegas. Un abrazo, un beso y enseguida Alex empieza a contarme un sueño del cual le he despertado donde dice que era imposible matar a un tipo que decía que él le había robado la “farlopa” y éste lo negaba. Luchas, peleas, disparos, muertos enterrados que aparecen en la cocina tomando un café y quiere su mercancía. Estoy en el sitio adecuado para buscar, sentir, ver y oír.

Nos pegamos unas risas a costa del inmortal y caminamos hacía su casa. Granada, cuesta arriba, esto no ha cambiado. Empezamos a ver los primeros perros con sus dueños, otro emblema característico de la ciudad. A costa de este detalle, otras risas. Me comenta Alex que lo de los perros ha llegado a tal extremo, que cuando los chaval@s van a ver un espectáculo a los cientos de salas que hay habilitadas al efecto, dejan los perros en la puerta atados al igual que en el oeste se hacía con los caballos cuando se entraba en la cantina. Me dice que es gracioso verlo y más gracioso ver atado junto a todos los perros a un cerdo, la mascota de alguien que al igual que los dueños de los perros ejercita su derecho a tener mascota. Llegamos al portal de su casa, subimos las escaleras, tercer piso. Abrimos la puerta y me comenta que vive con dos compañeras y que mi habitación es la de invitados, es decir, la del casero que en ese momento está de viaje. Lo de las compañeras he de decir que lo tengo que imaginar ya que nunca vi a nadie por la casa, bueno miento, al levantarme el domingo e ir al baño a echar una meadita, vi algo fugaz que se asomó por la puerta de una de la habitaciones y cuando me vio cerró rápido y esperó hasta que estuvo segura que yo había dejado el servicio libre. Me imaginé que Alex vivía con una especie de gnomos urbanitas que sólo saldrían por la noche cuando nos fuésemos a la cama. Me lavo la cara, dejo las cosas en la habitación y bajamos a ver la sala de espectáculos y de formación de payaso que ha montado Alex junto con un grupo de gente: “Los estupendos estúpidos”. Si queréis saber más tenéis toda la información en una página web y en el “cara de libro”. Llegamos ante una fachada de color ocre con las puertas de cerramiento de persiana del mismo color y que alguien se ha dedicado a pintar pensando que eso es grafiti. Abre los cerramientos y aparecen unas cristaleras con varios carteles informativos sobre próximos espectáculos y otros ya pasados, entre ellos lo que denominan “barril”. A grandes trazos, una especie de fiesta organizada por una compañía donde se bebe cerveza, se lo pasa uno de puta madre, mientras se realizan una serie de juegos y gracias adecuadas para el momento a cargo de los miembros de la compañía organizadora. Además, hay otros carteles sobre espectáculos y cursos de payasos y titiriteros. Abre la puerta y entramos. La entrada tiene una pinta estupenda, hasta con una mini-barrita de bar. A la derecha el cuarto de reuniones de la compañía con muchos carteles los espectáculos que se han ido montando. En particular uno que llevaba tiempo rondándole en la cabeza a Alex y que se imaginó tras su paso por las cocinas del Café Central en los aledaños a la plaza de Santa Ana y que no voy a decir nada sobre él porque hay que ir a verlo. Viendo el cartel Alex me comenta el hecho de que llevó el espectáculo a Brasil y que no fue muy exitoso, que en muchos momentos se desplomó el espectáculo. Oyendo eso me vino a la cabeza el libro de Peter Brook “Es espacio vacío”, y creo recordar que hablaba de la diferencia de público en un país o en otro, de las diferentes sensibilidades y que debido a esto un espectáculo que triunfa en una país no necesariamente va a triunfar en otro, posiblemente habrá que adaptarlo. En fin, vamos a lo que me interesa que son los detalles de espectáculo de Alex en Brasil y a cargo del cual nos echamos otras risas. En su espectáculo necesitaba un pollo vivo y gelatina. El decía que en Brasil la gelatina no la venden hecha, la tienes que hacer con lo cual tuvo que hacer el número de la gelatina con un flan. ¿Alguien ha hecho vibrar a un flan comprado en un supermercado? Inténtelo, pero no se olviden de ponerse la nariz y ser consciente de su fracaso. Y qué decir de un pollo que pone un huevo, pues que es una gallina.

Al final de un gran periodo de risotadas, me hizo pasar a la sala y ante mis ojos un espacio grandioso para trabajar, para crear, para formular propuesta. Lo vi y sentí un gusanillo en el estómago y oí las carcajadas ocultas en los huecos de las paredes. El espacio tenía vida propia y se notaba el latir de su corazoncito. El suelo y parte de las paredes negras, una columna en uno de los lados y múltiplex oquedades con material de trabajo así como una barra llena de ropa de todos los estilos, del más simple a más “cool”. Bajo los trajes unos cajones con cientos de pares de zapatos. Simplemente me emocionó.

Me dijo que a los dos y media tenía clase de recuperación y que si comíamos algo. Pues claro, vamos a comer algo. Otro emblema de Granada. Las tapas con la caña que hace que no tengas que preocuparte de buscar un restaurante, caña, tapa, caña, tapa… hasta el infinito y más allá. Nos sentamos en una terraza, el sol nos pegaba con empeño y apetecía esa cerveza, y como no, la tapa. Pasado un rato Alex recibió una llamada, sonrió mientras colgaba y me dijo, vamos corriendo que tenía la clase a las dos y no a la dos y media y tengo a toda la gente esperándome en la puerta. Hay cosas que no cambian y eso me alegra. Se levantó corriendo hacía la barra, había decidido invitarme. Mientras esperaba apareció un perro entre las mesas de la terraza. ¡Qué raro, un perro paseándose a él mismo por Granada! Tenía hambre. ¿Qué cómo lo sé? Porque en el rato que esperé a que saliese Alex de pagar en la barra, es decir unos pocos minutos, el perro se comió la tapa que había en la mesa de al lado y que pertenecía a una chica que se había levantado para hablar por el móvil en privado. Qué cuco el perro, hubiese acabado con ella si una chica de dos mesas más allá no se lo hubiese impedido. Cuando se sentó la perjudicada, la chica le dijo lo que había pasado, simplemente para que no se la intentase comer, pero el perro ya estaba en otro barrio.

Cuando salió Alex nos dirigimos hacía la escuela y cierto es, estaba todo el mundo sentado en la puerta esperándole. Mientras nos acercábamos a la puerta nos despedimos y quedamos en vernos a las 16:00 horas para ver el partido de la selección de Argentina rodeados de argentinos amigos suyos y que después podríamos ir a ver una obra de teatro que un amigo de éstos argentinos actuaba en una sala. Buena idea. Cuando llegamos a la puerta, le esperaban los alumnos y una amiga que le dijo que por la tarde tenía cabaret, que se había comprometido con Manolo y que le llamase. Cabaret, ¿cómo?, ¿qué?, ¿cuándo? Ya lo dije hay cosas que no cambian. Lo que pasó con los argentinos y el cabaret os lo cuento otro día.

 


Tags: Escritura

Publicado por ultimodia03 @ 8:33  | Escritura votar
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