La veo cada día. Su caminar, vestido con traje negro a rayas del que cuelgan unos hilillos que la sostienen, resulta cansino. Pero, ¿por qué cuento esto si realmente de lo que quiero hablar es de sus ojos? Son verdaderos, pero ocultos. Un mar donde los marineros descansan de la faena y contemplan la vida mientras rememoran viejas hazañas. Aunque, lo cierto es que tampoco quiero hablar de sus ojos sino de su cuerpo, moldeado palmo a palmo, trabajado día a día, sigilo a sigilo, milímetro a milímetro como el torno trabaja un tocho de metal convirtiéndolo en bellas formas. ¡Y vaya si es bella en sus formas! Su cuerpo, ¿por qué hablo de su cuerpo? Lo interesante es su pelo, su hocico, su espeso rabo, su manera de abrazarme, de ronronear al oído, de maullar. Sí, va ha ser eso de lo que quería hablar, sigo enamorado de mi gata.


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¡Me encanta!

Publicado por Invitado
Jueves, 21 de junio de 2012 | 18:37