Al fin, cinco minutos. Lo justo para meditar sobre la idea que me martillea una y otra vez, pum, pum, pum. ¿Por qué de los no acercamientos, del pavor, del terror, del miedo que nos atenaza a lo nuevo, a lo desconocido? ¡¡Pero si no lo conocemos!! Y ahí, entra en funcionamiento el teléfono móvil. Antes, para ejecutar los no acercamientos, nos hacíamos el distraído, nos ocultábamos detrás de unas gafas y un cuello alto, o bien, duerme que te duerme. Ahora es más fácil, mantenemos una postura cabizbaja, nos ajustamos los auriculares del propio teléfono móvil y tecla que te tecla, arriba y abajo, izquierda y derecha por la pantalla y lo gracioso es que pensamos que estamos más comunicados que antes sin darnos cuenta que eso es realmente lo que se ha perdido, la comunicación. Bueno, han pasado los cinco minutos y lo tengo que dejar ya, me ha entrado un sms, tengo dos llamadas perdidas, dos “retwiteos”, un “whatapp” y sobre todos ellos, lo más importante, dejé a medias una canción que junto con la belleza de esa chica que nunca me contestó, me inspiró la reflexión.

Cierra todas las aplicaciones del teléfono móvil, engancha los auriculares y durante nueve minutos deja que el océano se apodere de ti y disfruta de todo lo que se mueve a tu alrededor, incluso de todos aquellos que intentan esconderse.

Richard Hawley

The Ocean

Pulsa y difrútalo

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Publicado por JsJFrog @ 11:56  | Escritura votar
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