Mientras desayunaba leo en la caja de los cereales: "basta de desdichadas princesitas de cuento, quiero una rana de charca". En ese preciso momento por la radio, en una entrevista que estaban haciendo a FranÇoise Hardy, ella dice: "la soledad es el precio de la libertad". ¡Joder que mañana!, pienso. No peor. ¡Joder que quince días!. Os cuento. Habiéndome encontrado hace dos semanas al borde de la muerte, tuve uno de los sueños más extraños que he llegado a recordar.
"Caí enfermo mientras me encontraba recolectando flores silvestres para mis pócimas sanadoras. Menos mal que andaba cerca un Oso Bíblico que viviendo allende las Tierras del Norte, según dijo, me atendió y transladó en su carruaje, dejándome moribundo en mi choza. Sin poder comer, sólo con la esperanza de dormir y que todo pasara, apareció la hermosa Bruja de la Rosaleda. Había salido de su castillo atraída por la noticia de mi inminente muerte y en un intento de evitarlo me acercó unas viandas de corte delicado, algo con lo que pudiera alimentarme sin que causara más daño a mi, ya decrépito, cuerpo. Siete días a base de pavo y queso son suficientes para querer morir de verdad. A la mañana de octavo día, recibí por paloma mensajera un correo de la Reina del Restón, había hecho llamar a uno de los mejores cocineros del reino y le había ordenado preparar una comida sustanciosa: arroz con algún bicho crustáceo dentro. Realmente me encontraba delicado, pero nada como una comida sustanciosa para recuperar fuerzas y nada como una invitación de la Reina del Restón para no negarse a asistir. La invitación terminó con algún cuerno de cerveza demás y alocados juegos con los enanos que pueblan el palacio. Aunque quedó en el aire la esperanza de que apareciera durante la comida alguna bella princesa de esas de los cuentos. Así, entre comida y comida me fuí recuperando o eso creía".

El sueño continuó.

"Relinchaba en uno de los cuartos de la choza, enjaulada, mi jaca. Inquieta, tensa y de muy mal humor. Me vestí para la ocasión y la saqué de su jaula. En un periquete estábamos corriendo por los campos. Corría y corría, desbocada, sin control, libre. Tan deprisa iba que notaba como se desencajaban mis huesos, se despredía la piel y se desmembraba todo mi cuerpo. Los ojos saltaban de sus órbitas y acababa desintegrado".

¡Joder con las princesitas y joder con el precio de la libertad!

final 2

FranÇoise Hardy

Comment Te Dire Adieu

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Publicado por JsJFrog @ 22:51  | Escritura votar
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