Si se acaba el mundo, ¡Qué le jodan! Gloriosa tarde la de ayer. Gracias por haber tenido la oportunidad de aprender a mirar con otros ojos aquello que, con toda seguridad, podría ser considerado cómo estúpido, infumable, tontería o simplemente, una mierda. Antes, cuando veía a un tipo mirando un cuadro o emocionado visionando una “performance” o parado escudriñando una insultante firma grafiti sobre un muro de ladrillo en medio de una gran avenida, me preguntaba: ¿qué verá en ello? El cuadro es una chorrada, la “performance” una chaladura y el grafiti, una marranada que ensucia la pared. Y apareció en mi vida el mundo del Payaso para darme cuenta de que todo tiene su código, como quedó demostrado ayer por la tarde en La casa de los Jacintos. Brusco, Guachi, Flipy, Hincha, Lisa Lisita, Bogar, Lulu y algunos más, que debido a mi limitada capacidad para memorizar impide que recuerde sus nombres, se encargaron de la demostración mediante una pequeña muestra de lo trabajado en los talleres de payaso. Podría decir que no fue para tirar cohetes, pero llevaría puesto el traje de crítico-patán o de bufón infiltrado encargado de reventar la fiesta. Ninguno de los dos supuestos son válidos: ni estaba infiltrado en las líneas enemigas, ni llevaba puesto el traje de crítico-patán. Llevaba puesto el traje de niño, el que me hace tener ganas de correr, saltar, gritar, llorar, reír, morderme un dedo, atropellar una zapatilla, adelantar a un soplido, dormir boca abajo y esperar a que poco a poco se esconda el niño y empiece a aflorar el adulto, explicativo, hablador y algo crítico-patán, porque curiosamente, en ese momento, es cuando más se desternilla la gente. De nuevo quedó demostrado ayer por la tarde. Los adultos van a los espectáculos de payaso con su traje de adulto (generalmente se olvidan a los niños en casa) y esperan algo que a un payaso con la “L” le resulta muy difícil dar. Es un payaso que necesita ser mimado y mirado con los ojos más infantiles que somos capaces de utilizar y disfrutar con él todo lo que él disfruta, incluso hacerle disfrutar de su propio fracaso, porque a nuestros ojos de niño, ese fracaso no existe. Cuando miramos con los ojos de adulto, nos volvemos críticos-patanes y sólo, en el momento en que el payaso “L” nos explica la jugada (que suele ser lo habitual cuando vemos que somos incapaces de conectar) nos reímos, es el código que entendemos y que en los niños hace que se desconecten, no entienden de explicaciones y palabrería. Con ello quiero decir, señores adultos, que lleven a sus niños a los espectáculos de payaso y si puede ser, a los alocados y desopilantes espectáculos de muestra de creación e improvisación, sus hijos se lo agradecerán y puede que ustedes descubran al niño que tienen dentro, se lo digo de buena tinta. Gracias a todos los que hacen ponerme el traje de niño, aunque sea, por un instante.

La Casa de los Jacintos (Madrid): http://www.lacasadelosjacintos.net/

Sala la Estupenda (Granada): http://www.sala-laestupenda.com/post.php?id=44


Publicado por JsJFrog @ 16:55  | Escritura votar
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