Cuelgo los hábitos, cierro la ventana y echo los visillos. No me interesa si el vecino es calvo o lo finge. Cuatro pasos hacia el armario de la cocina, media vuelta hasta ponerme de espaldas al frigorífico y guardo las gafas en uno de los cajones. En la pantalla del televisor aparece un tipo con mono de pintor rodeado de gente a los que dice ser de otro pueblo. Insufrible. Cambio de canal.  Maldita la hora en que lo pensé. Se presenta una mujer con un traje ridículo tirando un pollo al cubo de la basura mientras su esposo, nervioso, dice que sin él no puede vivir. Corten, grita una asistente de dirección. Habla a cámara sobre lo curioso que le resulta la desaparición del director de la serie junto con todos los protagonistas de la misma. Por el escenario de la grabación, perfectamente iluminado todo hay que decirlo, aparecen una chica que dice ser parte del pueblo que será secuestrado a finales del siglo XXI, ya empezando el XXII. Nada raro, en la mano lleva un orujo de hierbas con dos hielos. Por el plano del fondo pasa una mujer gritando que no corten, que ahora iba a ser violada. Mientras tres monjes sin rostro corren detrás de una joven intentando palparle las nalgas o lo que sea. Matilde, Matilde, grita un comisario con estrella de plástico. Detrás de uno de los focos aparece una señora de edad, muy bien ataviada que se acerca sigilosamente al policía y le tira del pelo. Bulto, vociferan un conjunto de personas que desde las vallas de separación del escenario observan la grabación. En ese momento, la pantalla de televisión estalla. Golpes, gritos, movimientos extraños de los vasos que descansaban en el armario y que se han aliado con la jarra de agua para intentar echar fuera a las tazas del café. No son bienvenidas, se pasan todo el día excitadas. Hay que ahogarlas como ratas. No, habla el comisario de la placa de plástico. Mejor reeducación. No, grita la señora de edad bien vestida. Mejor estrujón. No, gritan los monjes al unísono dejando de perseguir a la joven. Mejor expulsión, si expulsión. Y son desterradas las tazas del café mientras se siguen oyendo golpes y las luces del escenario que ya no se ve en la pantalla del televisor sino que ha cobrado realidad, se apagan. Y caminan como muertos sin fosa los figurantes de la escena.  Cuatro pasos a la derecha, no cuatrocientos. Qué importa. Nadie nos enseño a decidir por nuestra cuenta. Ahora que decida él, el autor. Abrí los ojos, cansado. Joder otra vez, otra pesadilla. Teatro, puro teatro. Entre las manos el texto de Los Figurantes de Sinisterra. ¿Algún médico en la red que pueda sacármelo de la cabeza? Necesito dormir. Aaachús. Jesús. Gracias.

La cosa va de "remember",
pues a recordar se ha dicho.
OMD y su eterno "Enola Gay". 

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OMD
"Enola Gay"
Pulsa y difrútalo
(cLiCk en la foto)
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Tags: OMD, Enola Gay, Los Figurantes, J.S.Sinisterra

Publicado por JsJFrog @ 14:04  | Escritura votar
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