Llámalo exceso de lectura de libros de Mishima o un transcendental cansancio. Dale el nombre o significado que prefieras, pero lo cierto es que me paso los días pensando cómo me gustaría que fuese mi funeral y planeo acciones y contraataques. Creo en la indiferencia de morir, pero llegado el caso nada importante del óbito, considero vital saber que el día después será de mi agrado. Indago entre mis allegados para saber su opinión sobre cómo les gustaría a ellos que fuese su funeral, o el mío, topándome con el miedo atávico que sobre el tema sigue surfeando en el ambiente. No digas eso. Ni hablarlo siquiera. Estás loco. Me convierto por unos instantes en el anticristo subido de los infiernos para azotar los miedos que se creen enterrados. Algunos han empezado a preocuparse, seguro que se han atiborrado a ver programas sesudos sobre tendencias suicidas que empiezan con la indagación sobre aspectos del tránsito. Otros lo relacionan con mi carácter introvertido. Y como es de naturaleza, no faltan los alarmistas extremistas que ven una catana en mis manos mientras a voz en grito entro en el metro a hora punta un día de huelga de conductores. Indiferente.

En el pasar de los días, una y única tarde soleada de mayo, dejo volar la imaginación y, tras pasar un trío de cafés por mis manos ya en el trance, veo el camino sin retorno. Imagino el cuerpo presente rodeado de caballos negros con plumas en la cabeza y unas alas a los laterales del lomo llenas de babas que rebosan del bocado tirante por las riendas. Miles de enanos correteando entre sus patas, fustigándolas con varas de avellano para encabritarlos mientras cien cuervos graznan al infinito portando en el pico un ojo de cristal. Nada de flores. Las coronas de condolencia están formadas por manos a las cuales les falta el dedo índice. Los crucifijos se encuentran derretidos o en llamas y algunos descansan clavados sobre el pecho de plañideras enfundadas en trajes blanco roto salpicados de sangre reseca. Tirado por los caballos, un ataúd de madera carcomido sobre el que reposa mi cuerpo no inerme, levantado lo justo para poder saludar al estilo papal a los no presentes, a la nada, al vacio. Indiferente.

Regreso algo perplejo e inestable. El corazón acelerado y un ligero temblor en las manos. La respiración es fatigada y la sensación es de frío, la tarde soleada de mayo dejó paso a la tormenta perfecta. Dale el nombre que quieras, pero yo lo llamo trascendental cansancio, aunque resulte indiferente.

En realidad pensé en un funeral
rodeado de colegas,
disfrazados de Muppets
dándome todo su cariño en
forma de canción.
Inspirado por "All I Need Is Love"
de Cee Lo Green junto a The Muppets

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Cee Lo Green y The Muppets
"All I Need Is Love"
Pulsa y difrútalo
(cLiCk en la foto)
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Tags: Cee Lo Green, The Muppets, All I Need Is Love

Publicado por JsJFrog @ 14:16  | Escritura votar
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