Tierra de vinos, qué mejor momento. ¿Quieres catarme? Sencillo. Colocame en un espacio confinado, con la espalda apoyada sobre una pared de color claro y visualiza, olfatea y degusta mi cuerpo, en parado y tras una ligera agitación, sin llegar a romper o descoyuntar, memorizando todas las sensaciones. Observa la limpieza y la intensidad de color de mi piel. Puedes verme turbio, trasparente, algo brillante o incluso un poco opalescente, con una tonalidad débil, media, ligera o intensa a tus ojos. Aprovecha para inclinarme suavemente mientras agitas mi cuerpo levemente  y mi alma de forma intensa, intentando ver las posibles lagrimas que se formen sobre la superficie de mis retinas indicativo de un sentido cuerpo y en algunos casos un cierto grado alcohólico. Deja una breve fase de reposo, en calma, olfatea mi cuerpo. Intenta encontrar los aromas primarios, los propios, aquellos que destilan del origen. Huele mi pelo, la cara, el cuello, los brazos y las manos, el torso, la espalda, los gluteos, el sexo, las piernas y los pies. Memoriza. Repite la acción intentando olfatear los aromas secundarios, los procedentes del paso del tiempo, de los sinsabores y del sufrimiento, de las alegrías y de los buenos momentos. Memoriza. Seguidamente, repite por tercera vez intentando encontrar el rastro de olores terciarios, procedentes del sosiego, de la madurez, de la reflexión al final del camino, y memoriza. Ataca. Degustame. Saborea mis labios, mi lengua, mi cuello, mis orejas, mis pezones, mi piel. Siente si te produzco picazón o dulzura y observa el tiempo en el que aparece un rastro de acidez, de tensión. Memoriza antes de evolucionar. Deja que tu lengua mueva suavemente la mía, que lama mis labios y mi cuerpo mientras la temperatura sube y se estabiliza en valores correctos para la cata. Si el cuerpo es joven, notaras un ligero picor en el ápice de la lengua. Déjate llevar, transita por el mundo de la retroolfación y degusta mi ser mientras lo sientes y lo olfateas intentanto reconocer, de nuevo, lo memorizado. Deja pasar aire por tu nariz intentando atrapar momentos residuales, pasado más presente que nunca. Memoriza la acidez que se desarrolla sobre tu lengua, sobre tus encías superiores y el cielo del paladar, intentando fijar las sensaciones de frescura y calidez que se producen hasta la aparición de un estallido de dulzura y algo de repelús. Por último, cierra los ojos y alejate lentamente intentando encontrar una persistencia en lo visualizado, olfateado y degustado, confirmando la memoria sensitiva a lo largo de la cata. Tu decides si me encuentras aterciopelado; elegante sutil y suave al paladar, o bien, áspero. Puedes decidir que soy armónico; equilibrado y persistente, o ardiente; desequilibrado, con exceso de calor y en algunos casos de alcohol. También puedes decidir entre encontrarme decrépito, duro, cabezón, envarado, un poco herbáceo, o bien, con nariz; con una exquisita cantidad y calidad de aromas varios. La verdad es que importa poco lo que decidas, solo importa el rato agradable y gracioso que hayas pasado leyendo esto. 


Publicado por JsJFrog @ 21:39  | Escritura votar
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