Los vi, de pié, mirando con escepticismo. Parecían no dar crédito a lo que se mostraba ante sus ojos. En el escaparate de una tienda de la calle W, colocada en un atril, una obra de arte. Él, según ella, se llamaba Fill y ella, según Fill, Empty. Los observé mientras hablaban desasosegados, con cierto acento extraño para el lugar donde nos encontrábamos. Fill llevaba la voz cantante. Entró en la tienda mientras Empty seguía mirando el escaparate y anotaba algo en una libreta. Al poco tiempo, Fill salió por la puerta con un tríptico en la mano. Agarró a Empty del brazo y la apartó del escaparate haciéndose ambos a un lado, muy juntitos a mí pero sin percatarse de mi presencia. Estaban muy nerviosos. Fill hablaba con sosiego y comentaba a Empty la certeza que en ese momento tenía de la existencia de muchos más y de la constatación de los efectos del viaje. Fill hablaba mientras Empty asentía y tomaba notas. Pude oírle hablar sobre  ataques epilépticos, delirios y alucinaciones, amputaciones de órganos y terribles habitáculos con pequeñas ventanas aunque con la oquedad justa para divisar la maravillosa luz que desprendía la noche. Entraron en un estado anómalo de excitación, sus movimientos eran parcialmente convulsos y sus rostros empezaron a reflejar una ligera desazón.

Tenemos que buscarle. Es vital que le encontremos – dijo Fill.

No me cabe la menor duda. Vital – replicó Empty – ¿Crees que sigue vivo? – preguntó.

Seguro. Él tiene la llave. Estaba claro en lo que hemos visto – Replicó Fill.

Empty saco algo del bolsillo que a primera vista parecía un garbanzo y se lo dio a Fill.

No hay más remedio – dijo Fill mientras ambos se dirigían hacia el escaparate de la tienda.

Con un movimiento cercano a un lanzador de béisbol arrojó el garbanzo hacia la luna del escaparate. En el momento del impacto una luz cegadora se hizo. No hubo ruido, no hubo fuego, sólo un haz de luz blanca entre el que podía divisarse las siluetas de Fill y Empty, de pie, mirando. En décimas de segundo el fogonazo se apagó, ellos habían desaparecido y sobre el atril se encontraba un cartel de vendido.


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Publicado por JsJFrog @ 11:53  | Escritura votar
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No supe lo poco que veía hasta que me diagnosticaron presbicia. Que palabra tan fea, pensé. Intenté informarme preguntando a la señorita que manejaba el artefacto donde mis ojos fueron evaluados. Más tarde conocí que dicho artefacto se llamaba foróptero. Ella no tenía ni idea, sólo estaba para manejar el equipo, me dijo. El foróptero era automático, claro está. No me quedé tranquilo, nada de brazos cruzados. Busqué toda información posible y en todas las posibles fuentes. Aparecieron términos que en mi memoria estaban asociados a temas que para nada tenían que ver con la visión: error de refracción o defecto refractivo, pérdida de nitidez, desenfoque, desgaste de los músculos ciliares y pérdida de flexibilidad. Todo muy de manual para un usuario de una cámara fotográfica. Términos y más términos que llenaban cientos de líneas para completar un montón de párrafos y todo, para concluir que cada vez soy más viejo. Hoy estreno mis gafas nuevas.


Publicado por JsJFrog @ 8:56  | Escritura votar
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Desde niño hasta ahora ya hombre, la frustración ha sido su carta de presentación. Frustración vital. Escondido toda una vida tras el gris de sus ropas, tras el gris de su vida, encontró por fin, su madriguera. Pulula por los ceros y unos, surfea por los canales de la información que no imagina, sino que comparte o bien se apropia hasta crear una imagen de superhéroe que todo niño frustrado ya hombre frustrado suele engendrar. Desde el anonimato cree en su papel de justiciero y reparte sabiduría sin la consciencia que es una sabiduría vacía, porque todo aquel gris casi negro que llega a soñar ser superhéroe y tiene una mandíbula de cristal para la crítica, está vacío y seguramente, frustrado. Y podría ponerme las alas para colocarme a su altura y bajar a los infiernos a fajarme, pero tres respiraciones profundas y la reciente enseñanza de Anne Sinclair, “Yo no ataco la porquería, la vomito”, hacen que no le regale ese gusto y con el simple gesto de uno de mis dedos le dé boleto para siempre. ¡Sayonara, baby! o mejor, ¡ さよならベイビー!


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Publicado por JsJFrog @ 9:52  | Escritura votar
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Sentado en la mesa de frente a la mía, suda. Sudan sus manos, las axilas y todos los poros de la piel. A goterones cae el sudor por su rostro algo congestionado. Ahora bebe un vaso de agua, hace un minuto algo de vino y en un momento anterior, una cerveza muy fría. En la mesa se amontonan los platos: el hueso de un gran chuletón con algún girón de carne aún colgante y restos de grasa, una cabeza de pescado unida a lo que parece uno de los lomos aún intacto sembrado de miles de espinas y una rodaja de salmón de la que solo queda la piel y el limón que la acompaño. Eructa disimuladamente, el bar está lleno de gente. El camarero se acerca, conversan durante un momento y a los pocos minutos trae entre sus manos una fuente de ensalada que deja con dificultad sobre la atorada mesa y una botella de agua con gas que no llega a tocar el tablero, se la bebe sin tregua y devuelve el casco vacio al camarero que se retira con extrañeza en el rostro. En la comida fue generoso, no así en el postre. Un flan a la deriva con una bolita de nata que se deshace sólo con mirarla y encharca el plato. Le añade un poco del azúcar del café. Imagino le gusta amargo. Un nuevo gesto al camarero. No creo que pida nada más, está a punto de reventar y se ha quitado algunos botones de la camisa, el botón del pantalón y se ha descalzado. El camarero vuelve con la cuenta. Se la entrega y el comensal le comenta algo que hace que vuelva a desaparecer, apareciendo al instante con un datafono. Aún sigue sudando, el postre le ha dado más agobio. Saca una tarjeta de crédito de la cartera que tiene sobre la mesa, se la entrega al camarero y mientras le cobra mira una vieja foto que en ella se encuentra. El camarero sonríe mientras el datafono escupe las copias de la transacción. El comensal echa mano a la bolsa que tenía en el suelo. Sonríe y suda. Saca un arma y agarra al camarero por el delantal. Lo sienta a su lado y mientras le apunta en las sienes con el arma, le obliga a mirar la fotografía. Algunas personas salimos corriendo despavoridas por la puerta, gritando. Al llegar a la puerta me topo con dos policías, armados y bien protegidos. Entran y se quedan de pie a medio camino entre la puerta de entrada y la mesa del comensal. Uno de ellos, mira el datafono mientras el otro no quita ojo al camarero, al comensal y al arma que tiene en sus manos, aunque no puede evitar mirar la acumulación de vajilla y restos de comida que sobre la mesa se acumula. El comensal ha dejado de sudar, ahora es el turno del camarero. En un movimiento pausado, le echa a un lado y deja el arma sobre la mesa, se tira al suelo con las manos en la cabeza y la cartera con la fotografía cae dándole en las mejillas. Los agentes se acercan apuntándole, se agachan a su lado, le cogen las manos y le esposan. Se oyen dos disparos que acaban con la vida de los agentes, un tercero le vuela los sesos al comensal y un cuarto, precedido de un eructo, vuela el mentón del camarero que cae desplomado sobre un chaco de sangre con cuatro tonos de rojo sobre el que flota una cartera.


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Publicado por JsJFrog @ 14:16  | Escritura votar
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Agarro un tomate del bolsillo, lo froto sobre una de las mangas de la camisa y de un mordisco arranco un trozo de pulpa que mastico lentamente, devorando todo su sabor. El sol amenaza con esconderse mientras un aguilucho cenizo, nada ajeno a mi presencia, corta el horizonte violáceo. Afino mi percepción para encontrar el rastro de los esperados. Reviso mis notas. Día dieseis, viernes, año 2014, la luz de la llegada se avistará en la colina del aguilucho, al ocaso. Un momento perfecto, un lugar perfecto, un encuentro pedido. A mis pies los bastardos esperan en sus sacos de arpillera. Aprecio a los navegantes y agradezco su ayuda. Oigo murmullos en uno de los sacos. Algo se mueve. Me incomoda pero no lo suficiente como para dejar de lado el agradable sabor del tomate. Otro bocado para acompañar la espera. Los ruidos aumentan de forma exponencial, ahora los movimientos provienen del segundo saco. Se complica la permanencia en el anonimato, la espera. Los ruidos cada vez son más intensos. No puedo seguir aguardando, los navegantes ya deberían haber llegado a recoger la escoria, el sol ha desaparecido y el sabor del tomate es un recuerdo en mi boca. Cabo un hoyo ayudándome de una vieja pala mientras refunfuño entre dientes lo enfermizo del sistema, la necesidad de aire fresco. Palmo a palmo el agujero toma profundidad y tamaño. Comparo visualmente con el volumen de los sacos que no dejan de moverse y proferir gruñidos desde su interior. Oídos sordos. Juré que no volveríais a engañarme y ayer, en mi propia cara y delante de las cámaras, volvisteis a hacerlo. Ojo por ojo.

"RATONERA" 
de Amaral 

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Amaral
"Ratonera"
Amaral - Ratonera
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Tags: Amaral, Ratonera, Debate político

Publicado por JsJFrog @ 12:34  | Escritura votar
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