Querida amiga, cuánta verdad retorcida por la palabra para retorcer la palabra verdad. Retruécano, ya no sé ni lo que te cuento. Me siento extraño, como antaño, en aquellos días en que regresando de colegio en el autobús de línea pensaba que era un extraterrestre. Si hablas como un extraterrestre, andas como un extraterrestre, comes como un extraterrestre y piensas como un extraterrestre, eres un extraterrestre y te extraña todo lo que a tu alrededor se mueve, come, respira o hace caca. Días en los que un ligero picor de cabeza terminaba con ésta amarrada fuertemente por las enormes manos de mama, gritándome por el oído más cercano a su boca lo guarro que soy, que una ducha más a menudo no está de más. Nunca le dije que los extraterrestres no podemos mojarnos, nuestra piel pierde resistencia y puedo llegar morir desintegrado. Mientras gritaba, pasaba por mis cabellos algo parecido a un rastrillo enano e iban cayendo sobre un paño que había colocado en la mesa, bajo mi cabeza, una gran cantidad de pequeñas partículas algo redondeadas. Ella los llamaba piojos. Me callé, por temor, el decirla que eran transmisores de alta frecuencia para poder controlar en entorno cercano y algo menos el lejano y que en momentos de alta tensión con alguien o algo, podía llegar a controlar su mente y sus actos. Que pertenezco a un estudio de la CIA, un prototipo creado por proyecto MK Ultra y eso que ella reventaba entre las uñas poniendo a veces cara de loca, eran valiosos dispositivos electrónicos de alta precisión. Menos mal que a la CIA nunca se le ocurrió pasar la factura, si es ahora con esto de la crisis, mi madre me mata metiéndome en la bañera.


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Publicado por JsJFrog @ 14:27  | Escritura votar
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