Querida amiga, cuando tengo un poco de tiempo libre en el trabajo, digamos entre dos y tres horas de las ocho productivas, me apetece surfear por las redes, por los ceros y unos de la información y diversión, cada vez más cero y menos uno. Algún día, si tengo un minutillo extra, te lo explico en profundidad. Ayer, después de una intensa jornada laboral, llegué a casa con la cabeza bullendo. Preparé café y saqué las chinchillas de naranja que había preparado el día anterior. Mientras saboreaba tan apetitoso manjar, no dejaba de atormentarme una y otra vez, un sentimiento de perplejidad. Cómo es posible que en todo lo que leo y veo en las redes, sea la temática que sea y sea quién sea que lo crea o comparte, siempre hay algún comentario despreciativo, alguna postilla con que aguijonear. Siempre hay “seudoentendidos” para cualquier cosa que se precie. Si hablas del tiempo, aparece el creador del clima, si prefieres colgar un corto experimental, aparecen, en el mejor de los casos, el purista que te informa de forma explícita la mierda que muestras, y en el peor de los casos, no tener la mala suerte de tratar un tema incómodo ya que, para esos temas, siempre hay un “lobby” que te perseguirá hasta la tumba y más allá. Y me pregunto: ¿no sería más fácil leer o ver algo y analizarlo para uno mismo? Si lo entiendes como positivo para ti, bien, y si lo entiendes como negativo, bien, lo abandonas y sigues buscando. Dicho lo cual, siempre queda la esperanza de esos miles de personas anónimas y no tan anónimas, que son realmente entendidas y que nos abren los ojos y los oídos a contenidos magníficos, que comparten y divulgan sin temor. Vamos, que la cosa está como para difundir la receta de las chinchillas de naranja.


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Publicado por JsJFrog @ 11:30  | Escritura votar
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