En una milésima de segundo, todo cambió. Se encontraron, fijas, estables, enganchadas a la nada. Se miraron, se olieron, se dejaron sentir. En una milésima de segundo, de la nada se creó la bóveda. Miles de luminarias nacieron, y quedaron fijas, estables y enganchadas, listas para el disfrute. Cómo olvidar el olor azul de la noche. 


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