Mano sobre mano. Libreta, pluma y un vaso de agua. El dos por ciento del cerebro en funcionamiento vital y el resto operativo en funciones de creatividad. A Esteban le gusta mirar por la ventana para dejar que la inspiración le posea. Sobre el olor del viento a churros recién fritos visualiza unas rodillas peladas, llenas de heridas impregnadas en mercromina y piensa en la vida particular de las palabras. Una palabra de uso común que en su nacimiento fue una marca registrada. Esteban y su obsesión por las palabras. Anota en su libreta mercromina, la subraya y empieza un especial cortejo. No es tan osado con las chicas como con las palabras. Las mira con delicadeza y las paladea con gusto. Intenta conocerlas hasta extremos enfermizos. Duerme aferrado a ellas y las exprime al máximo devorando su significado. Un líquido desinfectante de intenso color rojo a base de mercurio y bromo utilizado para el tratamiento de heridas. Se rasca la cabeza y desarrolla una teoría que anota en su libreta: el color rojo viene del bromo, estoy casi seguro. Se siente satisfecho. Feliz. Escribe por escribir aunque sea a costa de sus rodillas peladas.


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