Entró en la sala de conferencias sin preocupación, como el músico bregado que sale al escenario de un campo de futbol a reventar. No había vítores y el ambiente mostraba perplejidad. Pelo blanco y largo, cogido en un diminuto moño mediante una goma de color fosforito. Algo fofo y de osamenta desgarbada. Las manos parcialmente ajadas presentaban una aguda ausencia de uñas en los dedos. La camisa por fuera del pantalón con los botones mal abrochados y los cordones de una de las zapatillas sin atar, indicaban una pizca de dejadez, o bien, podría ser entendido como osadía. Aunque para osadía, el momento en el que sacó las gafas de una bolsa de plástico de algún centro comercial que llevaba a modo de maletín. Unas gafas de ver de las que sólo quedaban los cristales y la montura. Las patillas habían volado y en su defecto se entrelazaban clip sujetapapeles con un par de cadenillas metálicas y un muelle de considerable longitud que hacía de útil de ajuste. Se presentó como el encargado de formar al personal nuevo, a los futuros gerentes de domo. Lobo dijo. Sorprendidos, así se quedaron la media docena de personas que se arremolinaban alrededor de la mesa de la sala. Aunque para sorpresa, cuando sacó de la bolsa de plástico una barra de pan y un paquete de jamón serrano y comenzó a hablar sobre la preferencia de uno u otro. El pan es la eficacia y el jamón serrano la calidad. ¿Por qué? El pan siempre te saca de un apuro y a bajo costo, aunque puestos a comer, mejor gastar un poco más y darse un gusto a base de unas finas lonchas de jamón serrano. Lo ideal, el equilibrio, un bocadillo de jamón serrano a media mañana. Los futuros gerentes no daban crédito. Un tipo tan desastroso, mal vestido y con las zapatillas rotas. ¡Y la bolsa de plástico! Llegaron a pensar que se trataba de una broma de mal gusto, una prueba más que la empresa les ponía en su camino hacia la planta más alta del edificio. En el desconcierto, se abrió la puerta de la sala y entró el Director General. Miraron todos al unísono y al percatarse de quién entraba se levantaron rápidamente de sus asientos. Todos menos el formador. El Director despachó a los futuribles con una media sonrisa forzada y achuchó de forma efusiva a Lobo. Maldito chico —dijo. Se fijó de inmediato en la barra de pan y el jamón serrano, algo que le arrancó una enorme y espontánea sonrisa. Miró detenidamente a Lobo. -Vaya parece que por fin has cambiado el temario. Atrás quedaron los tiempos de la bota de motero y el cepillo de dientes— dijo entre carcajadas.


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