“Sentada sobre un hueso de aceituna espera el día en que aparezca un apuesto caballero con armadura de papel y espada de madera y le regale una poesía. Es Az-Zait, el hada de olivo”. Con estas palabras la abuela de Salvia comenzaba todas las noches el ritual de acostarla en la cama para dormir. Dicho ritual utilizado por la familia desde tiempos remotos consistía en leer una poesía a los más pequeños de la casa, para así, llamar a las musas del sueño y formar espíritus libres de imaginación desbordada. La familia sabía que en los versos apilados en estrofas construidos por palabras vívidas cosidas a un ritmo se encontraba la esencia de la familia, esencia que había pasado de abuelas a madres y de madres a hijas, en un ciclo finito que hoy finalizaba en Salvia, hoy, esta noche, ella era Az-Zait, el hada del olivo.


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