Os lo voy a contar, sabiendo que no es de vuestra incumbencia, pero eso, no se lo contaré a nadie. Un día de esos que te levantas con el cuerpo más para allá que para acá, te frotas los ojos, te desperezas y en el esfuerzo sientes que algo no va bien, es un día inaugural. Desde ese microsegundo automático de chequeo, sabes, y si no lo sabes yo te lo cuento, te conviertes en homomedicus. Empieza una irregular etapa en la que con gesto dolorido y mala cara, peregrinas de un establecimiento a otro buscando solución, que según la época en que se produce la peregrinación, puede variar entre apresurado e infinito, siendo infinito un punto y final. He de decir, y si no lo sabes yo te lo cuento, que se han documentado casos en que la rapidez ha sido vertiginosa, son los denominados casos aspirinum. Estos casos han sido desarrollados como respuesta a una demanda cada vez más voluminosa de peregrinos y suele cortar en la primera etapa y de raíz el peregrinaje. Así mismo, se han desarrollado otros métodos alternativos paliativos que consisten en dejar al peregrino horas y horas en salas de espera, que si bien de espera tienen mucho, como concepto de sala con un mínimo de confort para un peregrino que se retuerce y arde como una serpiente que está en plena muda de piel, tiene poco. Está documentado con más de medio millón de entrevistas post-sala, que este método es uno de los mejores como vía de sanación por aburrimiento, cuando llega el momento de enfrentarse al sumo sacerdote, al peregrino ya no le queda ninguna sensación, nada le arde y entra en una especie de Nirvana que, en la mayoría de los casos, acaba con él en la casilla de salida sin saber cómo ha ocurrido.

El peregrinaje es duro y, al igual que en todos los peregrinajes, surgen los pensamientos negativos, las reflexiones y el establecimiento de un nuevo orden de prioridades. En definitiva, una absoluta epifanía.

Os lo cuento, aunque no sea de vuestra incumbencia. Yo he peregrinado y sigo peregrinando. Lo maravilloso es que en mi epifanía he renovado mi personalidad, cercenada durante años de esclavitud y he sudado, en los ardores, la miseria que me cubría. Y como rebeldía y reacción, he comprado tiempo.


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