Era en lo que se había convertido. Era un tipo gris, en días grises, conduciendo un coche gris y enfundado en un traje gris, con la única alegría de llevar atada al cuello una corbata negra. Bostezaba y comía en gris. Sufría desengaños amorosos en gris con la única alegría de que cuando amaba, amaba en negro. Era tan gris ver cómo vivía.

Una mañana, viéndole llegar al aparcamiento del trabajo donde nunca había coincidido con él, descubrí que tenía un maravilloso secreto. Ese tipo gris aparcaba su coche, apagaba el motor, cerraba las puertas con el cierre centralizado, se despojaba del cinturón de seguridad y subía dos puntos el volumen de la radio. Se recostaba cómodamente sobre el asiento y cerraba los ojos. Comenzaba a mover lentamente los pies bajo el influjo de la música que ahora sonaba dos puntos más alta. Su cara se iba iluminando. Hasta el traje parecía menos gris. Poco a poco, todos y cada uno de los miembros y los músculos de su cuerpo se acompasaban al ritmo de la música que salía a gritos por los altavoces. Y allí estaba, poseído, iluminado, bendecido. Juro que fui capaz de ver el parpadeo de las luces y los reflejos dibujados sobre la pista de baile que dejaba una bola de cristal anclada al techo. Llegue, incluso, a oler el sudor dulzón del alcohol mezclado con refrescos que despedía el tipo que hasta hace un momento era gris. Solo el ruido provocado por una puerta de coche al cerrar me hizo salir del trance. Y vi cómo aquel tipo se alejaba pausadamente mientras los intermitentes de su coche parpadeaban. Un día gris, un día de lluvia y frío, me enfrente a mi vida y al recuerdo.


Tags: jsjFrog, días de baile, días de furia

Publicado por JsJFrog @ 13:59  | Escritura votar
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